Es una época de nervios.
De cambios y de decisiones. Son exámenes.
Y si sólo fueran eso, sólo estaría igual de nerviosa que siempre.
Pero, ah, ahora tengo algo más de lo que preocuparme. Claro que intento no pensar demasiado en ello. Pensar demasiado es malo, dijo él una vez. Las cosas salen mejor cuando no tienes ningún plan. Cuando fluyen por ellas solas.
Va todo tan bien que parece mentira. Lo pienso y me asusto. Y dejo de pensarlo.
Y entonces sólo me queda preocuparme por los exámenes.